Relatos Subterráneos – Capítulo 13

Capítulo 13 – Que inyusticia

Plaza de Puente Alto - AS2002 R4404

Soy una caldera por dentro, estoy hirviendo en rabia. Trato de ser cortés con el público y creo que me resulta, pero por dentro soy un volcán por estallar y no estoy disfrutando de mi día. Mis compañeros de estación me encuentran razón, ¿pero de qué sirve tener razón si eso no te quita la sensación que llevas?

Mi viaje de ida a la estación no fue muy bueno. El bus E12 se demoró más de lo normal, ¡por lo menos unos 40 minutos sin pasar! Fue tanta la espera que tuve que tomar un taxi para llegar a la estación Trinidad, me puse a conversar con el taxista y parece que le caí bien porque me cobró luca no más (¡algo bueno que sea!), de ahí correr y cruzar los dedos para que el tren avanzara rápido hasta Plaza de Puente Alto. Llegué unos 35 minutos tarde. (Pueden ver el diagrama de las estaciones de Metro aquí)

El jefe de estación me estaba empezando a dar las instrucciones sobre lo que había que hacer, el turno era un despelote porque del turno de la tarde sólo había llegado yo, no tuvo tiempo ni de retarme porque hay mucho que hacer. Bernice hoy estaría en otra estación. En eso estoy cuando me llama el supervisor a retarme con voz golpeada y bien descortés.

No recuerdo el diálogo exacto (entre otras cosas porque no le tengo rencor por esto jajaja), pero en resumidas cuentas me gritaba que yo debía estar en Vicente Valdés, que yo me equivoqué, que había sido una persona tonta por haber cometido ese error y que agarrara mis cosas para moverme a esa estación ahora ya.

Soy el único que ha llegado a la estación siendo las 3 de la tarde, me costó mucho llegar y ya el jefe de estación me dio las instrucciones, además yo tengo anotado que me dijiste Puente Alto y Vicente Valdés (para sábado y domingo respectivamente), no me vengas a decir que no es así porque yo me anoto en una libreta cada vez que me dices dónde me toca, para la próxima vez me mandas un mensaje y no hay malentendidos” algo así le respondí.

No me dejó ni terminar y colgó de rabia. ¿Saben? Lo habría hecho, me habría ido a Vicente Valdés, teóricamente es mi jefe y por un tema de jerarquía su palabra es ley para este simple alfil, pero no tiene derecho a gritarme de ese modo ni menos a retarme porque supuestamente me equivoqué, el que se equivocó fue él. Ni mi mamá me viene a retar así.

Yo soy re buena persona y servicial, incluso si me lo hubiese pedido con buenas palabras y reconociendo que él se equivocó es muy probable que yo haya conversado con el jefe de estación y haya intercedido para que me deje ir a Vicente Valdés (ojo, la inteligencia emocional es algo clave en habilidades directivas). Pero retándome por algo que no hice y casi tratándome de estúpido, así no me muevo ni a palos.

Por lo demás y siendo algo frío, ¿que no es un poco tonto el desplazamiento? Es decir, no hay nadie más en Puente Alto, el jefe de estación necesita personas en la estación, la gente de la mañana sigue esperando su relevo y ¿vas a sacar a la única persona de esta estación para mandarla a Vicente Valdés? Tienes Quilín cerca, ¡puedes pedir prestado a ese asistente para que se entretenga algo por un rato! No le encuentro sentido, ¡de verdad que no! Debe estar muy desbordado para pensar en solucionar las cosas así 🙁

Llegó un compañero y lo mandaron derechito a Vicente Valdés, quedé solo en la estación y un vigilante privado de Metro tomó el puesto de quien sería mi compañero, yo me quedé en el arco norte y él está en el sur. Es imposible que no me acuerde de esos libros teóricos de administración y las bondades de la subcontratación. Que manera de reír jajajajaja.

Les venden la pomada a los ejecutivos, les resumo lo que he leído: “Así te enfocas en tu giro del negocio”, “así surgen otras empresas especializadas en esas áreas que tú necesitas pero que no son tu negocio“, “así abaratas costos en salarios y puedes exigir un cumplimiento estricto a otra empresa, si te falla cambias de proveedor“.

¿Saben? En el papel suena lindo y con una cierta lógica, pero en la práctica es una mierda si se aplica mal. Uno suele tercerizar aquellas cosas donde no tiene los conocimientos suficientes para llevarlo a cabo, por ejemplo en este sitio web yo tercerizo lo que es informática a una persona que se dedica a eso, ¡porque yo no sé hacerlo! Si supiera, lo haría, pero no sé y quiero aprender pero me falta mucho para llegar a ese nivel de expertiz.

Eso es una tercerización sana, yo me dedico a escribir y crear el contenido, él me ayuda con eso que yo no sé hacer y que es necesario para que esto funcione, así se hace con consultorías, la contabilidad, los abogados y un montón de cosas. Es natural, todos quedamos contentos, hay que reconocer que no siempre podemos hacerlas todas aunque queramos.

Pero es un crimen tercerizar algo que sabes hacer porque te quieres ahorrar trabajo o dinero. Yo sé tomar fotos, pero me da flojera gastar plata y tiempo en ir así que le pido a otro que lo haga por mí. El Metro se hizo cargo de cajeros, guardias, auxiliares de limpieza, personal de mantenimiento desde que se creó en 1975, llegaron ingenieros comerciales y tercerizaron todo, probablemente enfocándose en esas bondades y en tratar de reducir costos. Así el Metro se enfocaba en operar sólo los trenes, las personas que operarían los puestos recibirían capacitaciones y cumplirían ciertos estándares y de paso ahorrarían en salarios.

Veamos la realidad, ¿de qué sirve que vayas a cambiar de proveedor? Vicente Valdés y Puente Alto no tienen personal suficiente para funcionar adecuadamente hoy, eso es HOY. Un turista necesita instrucciones para llegar a un terminal pero no hay personal, una abuelita necesita alguien que le diga donde está el ascensor pero no hay personal, una persona quiere evadir su pasaje y no hay personal que lo detenga. ¿Puedes retroceder en el tiempo y remediar la experiencia al cliente que ya jodiste? No, el tiempo no vuelve y pueden ser situaciones más graves.

Si te cambias de proveedor (la empresa que te provee el personal, en este caso) existe el riesgo de que el proveedor que contrates sea peor que el primero, sí… ¡es algo que sucede! Pasó en Línea 5 hace poco (año 2015), cambiaron contratos, llegó una empresa nueva y en menos de un mes se les suicidó un ciego que tocaba música y se les cayó otra ciega a las vías en Plaza de Armas. La imagen pública de Metro se hundió más de lo que estaba y se diluyen las responsabilidades.

¿Quién paga? ¿El responsable del contrato?, ¿Una multa para la empresa contratista a ver si así se compensa el susto de la pasajera no vidente?, ¿Desvincular a una persona y que todo siga igual? Y si se hubiera muerto la ciega de Plaza de Armas, ¿Metro le va a pagar el funeral y va a asumir su negligencia? ¿Cuánto (más) se habría dañado su imagen pública? La pregunta clave es ¿Cómo el Metro quiere repuntar su imagen pública y ser esa empresa que todos queríamos si más de la mitad del personal que trabaja de cara al público es externo? Esperarán un milagro (o un tren vacío en hora punta que es lo mismo) porque así no, créanme que así no.

– Señor, sabe que la máquina que carga Bip! se tragó mi tarjeta, ¿qué puedo hacer? – me dice una joven
– ¡Atento Jefe! Tengo una joven que perdió su tarjeta dentro de la máquina, se la derivo
– Sí Ariel, envíala no más, yo le resuelvo ese problema.

La joven va, el jefe abre la máquina por dentro y sacan la tarjeta Bip atrapada. Ella queda feliz porque pensaba que la había perdido para siempre y el jefe se va a su oficina después de una acción bien hecha. Me alegro pero me sigue hirviendo la sangre jajaja. Me molesta sentir que quienes me dirigen hacen las cosas peor de lo que yo las haría, quizás más que molestia es una suerte de decepción. Ver que hay situaciones que no puedes arreglar, que ellos en sus escritorios no las ven y que las puteadas nos las llevamos nosotros, la culpa siempre es de nosotros, los que estamos de cara al público. Creo que pasa en todas partes, pero no puedo dejar de reírme y decir “que inyusticiaapelando a Cristiano Ronaldo, esto es reír o llorar.

– Anda a colación, Ariel
– Pero no te corresponde, tiene que llegar un relevo
– No, anda, si no vas a salir a colación el día del…

Un vigilante de otra estación llega para que pueda tomarme mi tiempo de colación, el jefe de estación le pidió que viniera. Le doy las gracias y trato de relajar un poco la vena, compro un chocolate grande en un negocio. Las penas y las rabias se pasan comiendo, hoy hace frío y dan unas ganas de estar acostado en la cama, o de estar almorzando con mi suegra y regaloneando con mi polola, ay ay ay… lo que es trabajar en fines de semana 🙁

Leer capítulo 12 <-

Leer capítulo 14 ->

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *