Relatos Subterráneos – Gamma Golf 01 (David)

Esta sección es nueva, corresponde a spin-off de la serie Relatos Subterráneos. Para quienes no sepan mucho, en este caso concreto, los spin-off son historias donde se profundizan personajes secundarios, así pueden leer algunas historias y anécdotas de otras personas además de las mías, algunos serán personajes de la serie y otros serán personas que quieran participar. La sección se llamará “Gamma Golf” porque mucha gente conoce ese código, pero les genera curiosidad y nos piden recurrentemente que digamos qué significa. No, no lo diremos pero te contaremos historias donde “las coincidencias NO son coincidencias“.

Esta vez es el turno del álter ego de Carlos Valdés, quién acá recibe el nombre de David. David hace su aparición en el Capítulo 10 de Relatos Subterráneos. Este relato subterráneo corresponde a su autoría, pese a que está publicado a mi nombre.

Gamma Golf 01 – Trabajo en Equipo

Metro de Santiago - Alsthom NS74 P3044 - Vicente Valdés (L5)
Tren NS-74 P3044 en estación Vicente Valdés, involucrado en esta historia

La historia de mi vida en Metro es algo agitada, todo comenzó el año 2013, cuando trabajaba para el departamento de educación de una municipalidad, acá en Santiago, a cargo del taller de informática y para reemplazar a un par de profes que estuvieron enfermos, como muchos sabrán, no se gana buen dinero en educación, menos si es pública, pero vayamos al grano, debido a eso, me vi en la necesidad de buscar un segundo trabajo, los fines de semana, si… díganlo, era un suicidio.

Buscando y buscando, hallé un aviso de trabajo para trabajar en Metro, bajo el cargo de “Asistente al Cliente” (ahora llamados Asistente de Servicio, pero es el mismo árbol con las mismas frutas jajaja), era un trabajo de fin de semana, por casi $100 mil pesos líquidos, no estaba mal, considerando que yo ganaba un poco más del doble de eso, en educación.

Fui a la oficina de esta empresa, luego de unos documentos de rigor, y ya estaba dentro, me habían asignado la Estación Macul de Línea 4 como punto de inicio para ese día sábado que se avecinaba y ahí empezó esta carrera en Metro de Santiago, como Asistente al Cliente, en L4/4A.

-Intenté hacer el mayor resumen de mis inicios acá, debido a que quiero ahondar más en una de las millones de anécdotas que viví en las líneas, en los andenes, en las estaciones, más específicamente en la estación Vicente Valdés-.

Era un día miércoles, lo recuerdo muy bien, ya que ese día me tocaba -por rotación de puestos-, estar en el Andén Dirección Vicente Valdés de la misma estación, en Línea 5 (andén donde les dicen “Todos deben descender”), estaba con Paulina, una colega que era Asistente igual que yo, y estábamos asignados a ese andén, eran las 14:40 y ya estábamos instalados, puntales como siempre, se veía venir un turno tranquilo y ameno, hasta nos dábamos el tiempo de conversar entre tren y tren que llegaba, mientras no hubieran usuarios que nos necesitasen en el andén.

Ya siendo las 16:00 horas, Paulina me dice –“David, tengo un mal presentimiento, no sé”, a lo que yo respondo –“Tú tranquila oh! ¿Qué podría pasar?, además no estai’ sola”-, me miró con una cara más tranquilizadora y seguimos orientando clientes y bajando a más de alguna persona buena para dormir y que iba a pasar de largo a Cola de Maniobras (lugar donde entra el tren para retomar servicio hacia la otra dirección).

Y en eso, siento un raro escalofrío, y nos avisan por radio del Centro de Control de Seguridad (CCS), -“Atento Vicente Valdés 5, andén de llegada, próximo tren que ingresa viene pasajero con problema de salud y Freno de Emergencia Accionado”- ambos escuchamos eso, y pusimos todos nuestros sentidos en máxima alerta, a fin de poder identificar el coche donde venía y hacer más ágil todo, ya que, en una emergencia de salud, todo segundo cuenta. Acto seguido Paulina llamó al Paramédico de la estación, para que acudiera a nuestra ubicación.

Logramos identificar el coche donde venía el problema, nos dimos cuenta inmediatamente por los gritos y golpes de la gente en las ventanas y puertas del tren, una vez instalado el tren en la estación ingresamos al coche, y vimos la real magnitud del evento, era un joven, de no más de 19 años, muy delgado, que estaba sufriendo convulsiones al interior del tren (epilepsia), producto de las cuales, se golpeaba extremidades y cabeza. Ante tal riesgo, Paulina con dos pasajeros, corrieron al gabinete de emergencia de la estación y sacaron la tabla rígida, para poder bajar a este joven del tren con el menor riesgo posible de que se lesionara, intentamos por muchas formas, sujetarlo con el arnés de la tablilla, para que no se cayera, hasta que lo logramos, una vez bajado el joven del tren, y dejado en un lugar seguro del andén, con Paulina y el Paramédico acompañándolos, procedí a rearmar el freno de emergencia del tren, para que este pudiera seguir su circulación.

Ya una vez declarada la real magnitud del evento, jefes de estación y supervisores, se agolparon dónde nos encontrábamos con el joven. Mientras nosotros estábamos tratando de sujetarlo para que, ante los movimientos sin control de las convulsiones, no se golpeara más, y no se mordiera la lengua – como es habitual en esos casos- los jefes y supervisores alejaban a la gente que simplemente se dedicaba a mirar y coordinaban los servicios de emergencia, como la ambulancia en este caso.

Al mismo tiempo, seguían llegando trenes, cada vez más llenos de gente, que solo hacia una cosa… mirar. –Unas dos o tres personas se habrán acercado a prestarnos ayuda, eran estudiantes de medicina, todo mi agradecimiento a ellos-. Luego de eso, el jefe de estación, se intenta poner en contacto con un familiar de este joven, afortunadamente lo logra y se le informa de la situación e indica que va en camino a la estación.

Yo, arrodillado en el piso, afirmando el torso del joven con sus convulsiones, para que no se lesionara la columna, ya me temblaban las piernas, me dolia la espalda, los brazos me temblaban, tenía la misma sensación que si hubiera corrido un maratón de 100 Kilómetros, pero aun así, lograba notar en las caras de todos, una angustia tremenda, una impotencia al no poder hacer nada, ya que no contamos con medicamentos o alguna herramienta que nos permita calmar la dolencia del joven. Solo nos quedaba aguantar, respirar hondo, y hacernos los valientes, y esperar que llegara la ambulancia que venía en camino.

Cumplidos casi 40 minutos de procedimiento, era tal el nivel de desesperación de todos, que una de nuestras compañeras, Andrea, que era muy cristiana, se pone a orar a los pies del joven, mientras yo, Paulina, Daniel (Paramédico), Victor y Richard (Vigilantes Privados) seguíamos intentando sujetar a este joven para que no se siguiera golpeando, todos ya casi agotados, exhaustos, y con un nerviosismo y ganas de que esto acabara luego. Creo que ése fue el momento de mayor tensión, donde vi a varios supervisores y jefes de estación presentes ahí, casi al borde del quiebre, los segundos parecían horas.
Luego de casi una hora, de esfuerzo, la ambulancia llega, -ahora venía otro desafío, como sacarlo de la estación con tales movimientos bruscos-, así que, tuvimos que pensar cómo hacerla.

El Jefe de estación Marcelo, intentaba ponerse en contacto con el centro de control de trenes, para ver la posibilidad de atrasar unos minutos la frecuencia de los trenes, para tener el espacio de tiempo, para subirlo por las escaleras mecánicas (ya que por el ascensor no cabía una camilla), y luego de muchas insistencias, la solicitud es aprobada, y nos informaron que iban a detener los trenes en las estaciones anteriores, nos dan 1:30 minuto, para sacarlo de ahí. Así que, intentamos ponernos de pie, como pudimos, (después de estar una hora arrodillando haciendo fuerza, créanme que cuesta!) y a subirlo por las escalas, con todos los arnés puestos para que no se lesionara o se cayera. Después de hartos intentos, salimos al exterior, donde la ambulancia nos estaba esperando, lo reciben los paramédicos de ahí, y ahora era responsabilidad de ellos, velar por su salud. Se fueron alejando, y nos miramos entre todos… eran caras de alivio, de cansancio, y de hambre (porque nos saltamos la hora de la colación, en el procedimiento).

Luego de eso, la jefa de estación Elizabeth, nos autoriza a tomarnos unos minutos de descanso, para descansar nuestras piernas, y poder comer algo. Después, nos llama a su oficina, en donde nos da las gracias por todo el trabajo realizado, nos abrazamos entre todos –somos un equipo muy unido, todos con todos- y el Supervisor de L5 nos dice que tenemos una evaluación y anotación positiva en nuestra hoja de servicio, por la correcta labor. Nosotros nos sentíamos contentos de que todo saliera bien, la anotación positiva era solo un detalle.

Y para finalizar… usted se preguntará, estimado (a) lector (a), ¿por qué uno es tan dedicado a ayudar, a gente que no conoce, o que sólo ve por unos segundos? Pues, porque las recompensas nunca tardan en llegar, a la semana después, nos llama la Jefa de estación a su oficina, nosotros asustados, pensamos –“¿Qué cagá nos mandamos ahora?”-, todo lo contrario, estaba la madre del joven, acompañado por él, que venían a darnos las gracias personalmente por haberle ayudado, ¡y nos tenían un pequeño presente!, una rica torta para que todos comiéramos a la hora de once en la estación.

Independientemente del regalo, la satisfacción de una pega, bien hecha, no nos la quitó nadie

(…)

Espero que hayan recibido bien a Carlos, en su primer relato. Es muy posible que comparta en esta página, a través de esta sección, otros relatos de anécdotas e historias que le tocó vivir como Asistente de Cliente. Sé que no hay muchos colegas que llegan a esta página, pero si algún jefe de estación, vigilante, guardia, cajero, auxiliar, asistente, técnico de reparación, conductor , o el que sea… (siempre que haya trabajado en Metro) quiere compartir un relato, vaya a Sobre mí y este blog y mándeme un correo. Yo feliz de publicar otros relatos y enriquecer esto con las historias de otras personas 🙂

VER LISTADO DE CAPÍTULOS RELATOS SUBTERRÁNEOS

3 comentarios sobre “Relatos Subterráneos – Gamma Golf 01 (David)

  • el agosto 2, 2015 a las 7:42 pm
    Permalink

    ¡Muy interesante historia! Gracias por irnos mostrando de a poco la verdadera vida subterranea de los que trabajan en el Metro.

    Respuesta
    • el agosto 9, 2015 a las 1:03 am
      Permalink

      De nada Ramón, la idea es esa, humanizar a quienes trabajamos en esto, todos somos personas. Muchos saludos :)!

      Respuesta
  • el agosto 9, 2015 a las 1:03 am
    Permalink

    De nada Ramón, la idea es esa, humanizar a quienes trabajamos en esto, todos somos personas. Muchos saludos :)!

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *