Relatos Subterráneos – Capítulo 10

Capítulo 10 – El cliché y la vocación

Metro de Santiago - Plaza de Puente Alto

Esto es muy cliché, pero la vida está plagada de situaciones como la que contaré. ¿Han oído de esos típicos castings en que hay una chica muy interesada y lleva a una amiga a probar suerte y…? Saben como termina, ¿no? Digamos que estar trabajando en el Metro ha sido algo así.

David es un amigo cercano, ambos somos compañeros de afición y hemos compartido varias informaciones, reconozco que él posee un conocimiento mucho más acabado sobre los trenes y los asuntos técnicos de ellos, tanto así que sé que es capaz de conducir un tren, sabe todo lo que hay que saber jajaja. Bueno, yo buscaba un trabajo para ganar algo de dinero y pensé que sería bonito tener un primer trabajo donde mi objetivo fuese ayudar a las personas con algo que ya sabía. Porque sí, hay un montón de cosas que no sé hacer, pero esto sí sé hacerlo y creo que lo hago bien.

El punto es que a mí me llamaron, a él no. Fui a la entrevista, firmé contrato, recibí mi uniforme respectivo y el detalle de que debía presentarme en una cierta estación. Ya esa historia la saben. Él estaba ahí, esperando a que alguien se fijara en él. Que tragicómica es la vida, si hay alguien que está más capacitado que yo es él, pero la vida distribuye su fortuna de otra forma. Por suerte, la misma vida da ciertas vueltas si nosotros tomamos las riendas.

– David, lleva tus papeles y preséntate igual mañana.
– Pero si no me llamaron
– Anda, hazlo, vas a entrar
– Pero…
– Confía en mí, anda.

Y entró. Yo no hice nada en especial, sólo le dije que probara. Hasta el momento yo les he contado cosas que me han ocurrido en estaciones y ciertas reflexiones en torno a las experiencias que he tenido. Esta vez cambiaré un poco el escenario para darme una pequeña licencia, no se preocupen, porque terminaré con otro relato divertido para compensarles.

– Puente Alto no me gustó, mucho evasor, me queda lejos, la gente es pesada, recibí puras puteadas.
– A mí me gustó, es cierto lo que dices, pero Bernice es una buena compañera.
– ¿Te tocó con Bernice? Ella es tan simpática. Sí, es muy agradable para trabajar.
– Me quedó gustando Puente Alto, feliz vuelvo el fin de semana
– Yo no, no me la nombres por favor, déjame acá en Vicente Valdés no más o Macul
– ¿Macul? ¿Ese refrigerador? Yo no vuelvo ni a palos
– Sabes que si te lo piden irías igual
– Sí, pero mi cabeza estaría de paseo en la luna

Es difícil asimilar el ritmo de trabajo del Metro si no tratas de interiorizarte en el quehacer diario, sobretodo cuando haces un trabajo part time y solamente vas dos días a la semana. Porque claro, puedes aprender las claves de memoria en un fin de semana y si no las ocupas, se te van olvidando las primeras veces hasta que dejas de estar “en rodaje” y ya te sientes más seguro en tu puesto.

Esto requiere tiempo, una inducción adecuada por parte de la empresa y también una buena cuota de iniciativa propia. Cada empresa tiene su cultura y, en este caso, me atrevería a decir que cada estación tiene vida propia y costumbres propias. Eso me agrada del Metro, me paso los días leyendo teorías sobre administración, organización, sociología, psicología, economía y claro, contrasto todo con las teorías que yo mismo formulo. Trabajar acá me ayuda a comprender todos esos conceptos, las relaciones que se forman en un trabajo, los problemas y vicios de estructuras, la complejidad que implica trabajar en equipo, digamos que es mi “campo de observación“, saco conclusiones y me voy anotando tips para cuando alguna vez vaya a ser jefe. Me quedo con lo que sirve, desecho lo que no.

Ya, olvidemos la cháchara administrativa, pueden obviar estas partes si les parecen fomes jajaja. Con David somos sparrings, no sé si han escuchado ese concepto antes, pero en el caso del fútbol los sparrings son compañeros de entrenamiento. Es común que en la semana o en la medianoche, después de hacer nuestros respectivos turnos, nos quedemos a conversar. Entre otras cosas, como a ambos nos cuesta dormir, es una buena manera de pasar el insomnio.

¿Cómo te fue hoy? ¿Qué cosas interesantes pasaron en tu turno? ¿Qué aprendiste? ¿Te tocó alguna clave nueva? ¿Algún pasajero o pasajera que recuerdes? Oye, ¿si tengo una clave cuál es el procedimiento que tengo que hacer?

Obviamente somos amigos, también nos consultamos por el estado de ánimo, nos apoyamos y nos escuchamos, pero ateniéndome estrictamente a lo que es trabajo, gran parte de mi evolución rápida se la debo a David. Esas conversaciones a medianoche fueron tremendamente productivas, ambos agilizamos nuestras respuestas ante procedimientos, repasamos instrucciones, situaciones hipotéticas y qué haría cada uno en el lugar del otro, puliendo las reacciones. Revisamos novedades, quedábamos con dudas y llegábamos al día siguiente con las respuestas de los jefes de estación o el personal que nos pareciera más experimentado para aprender.

Ambos tenemos vocación. Eso es lo bueno, para otras personas se trata de un quehacer y recibir una paga, pero nosotros somos entregados en lo que hacemos, queremos aprender y ser los mejores para nosotros mismos (si nos pagan más mejor, pero sabemos que eso no pasará). Recuerdo que una semana quedamos pegados viendo videos de suicidas en otros metros del mundo, situaciones muy lamentables por lo demás. Si quieren buscarlos ya es su responsabilidad, pero sería mejor que siguieran viendo a Miley Cyrus haciendo el ridículo.

Los veíamos para estudiar. Nadie nos pedía estudiar eso ni llegar a esos extremos en estas conversaciones o entrenamientos, pero surgían las inquietudes y era inevitable preguntarse: ¿y cómo reconozco a un suicida? ¿cómo lo detengo? ¿cómo le digo que no se tire? Debíamos estar preparados para eso, sentíamos que debíamos hacerlo. Me importa un pepino prepararme en esto para salvar la operación de Metro y que el servicio no se interrumpa, yo lo hago porque hay vidas humanas y hay familias detrás de esas vidas humanas. Espero que nunca me ocurra tener que salvar suicidas, pero en caso de que exista alguna ocasión donde me toque actuar, quiero minimizar las dudas al máximo y actuar rápido, ser efectivo.

Debo decir también que uno reconoce que las caídas al andén se pueden dar por varias situaciones que nada tienen que ver con suicidas, pueden ser personas ciegas, niños muy chicos que se escapan de sus mamás y personas demasiado distraidas. Si hay algo que se aprende en el Metro es que: todo puede pasar.

Como lo que me pasó hoy, en Plaza de Puente Alto. ¿Recuerdan las palabras que siempre pongo de enunciado? Eso de que cualquier coincidencia con la realidad es eso… ya, esto es un pequeño alcance, ocurrió en un universo paralelo, en un sueño de alguien que se fumó algo muy fuerte y se le ocurrió bajar a la estación con un kayak.

Háganse esta escena en la cabeza. Yo estoy en el arco sur, ando anotando el tren que se va cuando veo una enorme mancha amarilla gigante y otra mancha chica a su lado en el otro arco. Les digo manchas porque uso lentes y si levanto mucho la vista obviamente no veo a través del cristal.

– Atento jefe, ¿puede venir a mesanina por favor?
– ¿Es urgente? ¿Qué ocurre?
– Es que tengo un pasajero que quiere ingresar con un kayak

Creo que conocen mi humor, de no haber estado con el uniforme yo me habría largado a reír por horas. Yo sabía que pasaban cosas ridículas, pero bajar con un kayak a Puente Alto era de esas cosas raras que nunca vas a olvidar. ¿Saben? Estoy escribiendo y se me sigue retorciendo la guata, no vaya a despertar a mi mamá jajajaja. Esa vez yo me contuve, pero cuando le conté a mi hermana me reí hasta llorar.

– ¿Un kayak? ¿Pero cómo?
– Sí, jefe, un pasajero con un kayak. Venga.

Yo escuchaba el diálogo del guardia con el jefe por la radio y me decía (en otro vocabulario): Algun día tengo que escribir esto. Va a ser el relato de cabecera de mis hijos, van a decirle hasta a sus nietos que vi pasar un kayak en el Metro. Porque sí, el kayak pasó. Anda a saber qué conversación tuvieron el jefe de estación, el guardia y la persona con el kayak, pero si ya la situación era extravagante, el final la cagó. Como atenuante, debo decirles que era día domingo y realmente no había nadie.

Mejor les digo mi conversación con el guardia un rato después y les grafico las escenas.

– Oye, ¿y cómo hicieron el pasar el kayak?
– No sé. El pasajero explicó que iba a Estación Central, que en la micro no podía pasar por los torniquetes y que tampoco tenía plata para un taxi, así que después de conversar con el jefe, quedaron de dejarlo pasar por esta vez pero con ciertas condiciones, era algo excepcional.

Desde el arco sur, yo pude observar una de esas condiciones: irse en la última puerta. Ahora, esto tiene sentido pero no deja de ser ridículo de ver, te aseguro que si hubiese una grabación sería un video viral fácilmente. El joven bajó las escaleras con el kayak a cuestas…pero el arco norte da al primer carro, así que tuvo que atravesar todo el andén con el kayak encima hasta llegar a la última puerta.

La cara del jefe, la cara del guardia, mi cara y la de los pasajeros: un poema. Yo que estaba por pedir permiso para ir al baño de tanto aguantar la risa, el jefe con una cara de “¿de verdad dejé pasar un kayak?” y el guardia manteniendo la compostura pero muerto de risa por dentro. Los pocos pasajeros estaban en un pequeño shock. No, pero hay que reconocer que tuvo coraje el joven para aguantarse ser el centro de atención, eso yo se lo reconozco y le mando saludos si lee esto alguna vez.

En un primer momento trató de meter el kayak en la última puerta, pero no le resultó porque era muy grande y topaba con el pasamanos central. A la segunda vez, yo estaba empezando a bajar las escaleras para ayudarle cuando pudo ingresarlo.

Estación Central… ¿desde Puente Alto? ¿con un kayak a cuestas? Te encargo la combinación con todas esas escaleras, no sé cuál de las tres será peor: Vicente Valdés, Baquedano o Tobalaba. Pobrecito, pero hasta el día de hoy no puedo evitar reírme pensando en lo que vi y en la cara que debieron tener los pasajeros y el personal de la estación cuando combinó de una línea a otra. Jajajajajajajajajajajajajaja, un kayak en el Metro, a la otra me dices que las vacas vuelan también.

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